
Banda sonora (opcional): ABBA - Waterloo
EscucharNapoleón era un retaco. Y, por si no lo sabíais, tampoco era extremadamente guapo. Sin embargo, no creo que hubiese tenido problemas para ligar, pues por todos es sabido que era un gran estratega.
Y ligar, muchas veces, es una cuestión de estrategia.
En el amor como en la guerra, elegir una buena táctica es vital. Si te equivocas, puedes haberla cagado para siempre. Ya no hay marcha atrás, se despedirá con un "ya te llamo yo", y no volverás a verla/e. Y todo por una mala estrategia.
Hace un tiempo lo comprobé con un chico (¿veis? Mis post están basados en experimentos reales. ¡Para que luego os quejéis de que no me esfuerzo! xD). Compararemos las dotes de Napoleón con las de él para ver qué hizo mal y qué hizo bien. El chico, al que llamaremos Lestat, fue muy majo cuando le conocí. Me dio la impresión, por lo que decía, de que yo le parecía una chica interesante, algo fuera de lo común, suficiente como para hacer un pequeño esfuerzo. Así que ese día fue muy amable y simpático, y se fue de aquel sitio con mi número de teléfono.
Enhorabuena, una estrategia clásica y bien escogida para el tanteo preliminar: ser amable, educado y simpático.
Es importante que el “enemigo” sienta la presión propia de un ejército a las puertas de una ciudad, para que no olvide ni por un momento que está “bajo asedio”. Por eso me escribió un mensaje al día siguiente para darme su número y saludarme de una forma muy curiosa que sólo entendería una persona que hubiese estado presente en nuestra conversación del día anterior. Bien hecho otra vez: Recordatorio de "aquí estoy, que no se te olvide lo que pasó ayer" y comienzo de vínculo utilizando un saludo que sólo él y yo podríamos entender.
Quedamos esa misma semana para tomar algo. Y aquí es cuando la estrategia empieza a flaquear.
Primero fuimos a ver una obra de teatro. Eso es positivo, implica en cierto modo que se ha molestado en pensar un plan original. Buena jugada.
Error: cuando estás asediando, no puedes distraerte. Si te pones a mirar lo que está pasando en el pueblo de al lado es muy probable que los habitantes de la ciudad aprovechen para huir. Es decir, se pasó la obra entera devorando con los ojos a las actrices y mirándome de reojo para ver cómo me sentaba. No sé si es que yo soy rara, pero no entiendo el proceso mental que le lleva a creer que cuanta menos atención me preste, más ganas tendré de enrollarme con él.
Después nos fuimos a tomar algo. También vino mi mejor amiga (que resultó que también estaba viendo la obra, mira tú que casualidad…). Lo mejor es llevar al “enemigo” a tu terreno para poder controlar la situación. Ponerle una trampa y que pique. Pero la trampa se pone con un dulce, algo que le tiente. Y criticar cada cosa que dice la persona con la que has quedado, no es dulce. No tienta. Es más bien algo como: “Oh, pequeña, que estúpida e ignorante eres. Déjame que te cuente la verdad sobre la vida”.
Vamos a ver, consejo universal: no seas prepotente con la persona que tienes delante, ni deduzcas que es subnormal nada más conocerla. Eso no ayudará a llevarla a tu terreno.
Cuando ves que la batalla está perdida, que parte de tu ejército agoniza, y que el “enemigo” ha conseguido refuerzos, lo mejor es pedir la paz. Agacha un poco la cabeza y procura ser cortés, para que el ganador sea benévolo contigo y puedas retirarte con un poco de dignidad. Es decir, si ya las has cagado dos veces, y la chica en cuestión está con su mejor amiga, no la insultes. No digas cosas como: “No te conozco mucho, pero me parece que debes ser un poco mandona y que siempre quieres tener razón. Debes resultar un poco insoportable”.
No sé que contraataque fue mejor: la respuesta borde de mi mejor amiga o mi carcajada. El caso es que no le dimos la paz. Le dimos dos besos por educación y me fui a casa dispuesta a borrar su número.
A juzgar por estos actos, parece que Lestat no tenía el más mínimo interés en mí. Y si no me hubiese vuelto ha llamar, sus actos habrían tenido todo el sentido del mundo. Por eso cuando intentó quedar conmigo
otras dos veces, pensé que o era un poco pardo, o no tenía ni idea de estrategia.
Y esta es mi historia. Por eso creo que hay que tener mucho cuidado con lo que hacemos, en el amor y en la guerra. Puede que a Lestat no se le haya dado tan mal con otras chicas, pero esto demuestra que nunca puedes despistarte, porque a todo genio le llega su Waterloo.
:)