"Cuando mi primo se va a la cama tiene que comprobar que todas las puertas de los armarios de la casa están bien cerradas". Esto fue lo que me contó en una ocasión una compañera de clase.
Todos tenemos pequeñas manías absurdas. Mi hermano tenía la cama llena de peluches de animales, y les puso a todos nombres que acababan en "i", es decir: Pati, Perri, Coneji, Moni, Eri (de erizo, sí), Pingüi, etc... Un buen amigo mío suele tumbarse en la cama con el secador de pelo encendido porque le relaja y le da calorcito. Otra muy buena amiga mía le coloca el cierre de la cadena A TODO EL MUNDO si no está escondida detrás del cuello. Y así una lista interminable.
Sin embargo, amigo míos, os confieso que yo soy la Reina de las manías absurdas. Pero hoy voy a compartir con vosotros la más bonita de todas. Por eso este post se lo dedico a Tintín:
Todos los días, cuando me acuesto (aparte de dar un besito a la foto de mi perra, que murió hace un par de años) lo último, ultimísimo que hago es mirar fijamente a la persona que está a mi lado en la foto que tengo en mi mesilla. La observo, sonrío, y entonces apago la luz y me duermo, para guardar ese recuerdo reconfortante de una amigo que me hace sentir siempre como en casa.
¡Ahora os toca a vosotros desvelar vuestras manías absurdas!
Si con el pseudónimo no os vale para saber quién es, siempre podéis pasar por mi habitación y echar un vistazo ;)