jueves, mayo 05, 2011

Nos toman el pelo


Hay cosas que se ponen de moda. Y no sólo ocurre con la ropa, que va. Un ejemplo: está de moda ir al Spa. Hace unos años estaba de moda comer Sushi. Durante la emisión de la serie "Ally Mc Beal", subió la nota de corte para derecho, algo histórico e insólito. Y hablado de series, ahora está de moda, de hecho, ver series. Ponen muchísimas más series que películas, y es fácil cruzarte por la calle con algún tipo que lleva una camiseta de Dharma (bueno, es que en mi barrio se ve de todo...)

Respecto a la ropa, lo que se lleva es cambiante y variopinto: un año fueron las "Converse", otro las prendas arrugadas, y ahora pantalones de pitillo a seis atmósferas de presión (decir que son ajustados sería un eufemismo) y lo suficientemente caídos como para que todos los chicos enseñen, o los calzoncillos, o la hucha.

Generalmente, las "modas" nos toman el pelo. Hasta la cosa más espantosa del mundo puede parecernos maravillosa si está de moda. Al final, de tanto verla te acostumbras. Es como el olor a caca: al entrar en el cuarto de baño canta que te mueres, pero como te descuides a los cinco minutos ni lo notas. Pues eso mismo les pasó a todos esos chicos que encontraron estético llevar un flequillo como un chuletón que les tapaba media cara. No sé cómo no se comían las farolas. Debe ser que debajo de todo ese pelo, también llevaban un radar.

Pero si hay una cosa que de verdad, de verdad, de verdad puede convertirse en una auténtica tomadura de pelo, y además está muy de moda, es la "Nouvelle cuisine". Para aquellos que no lo sepan (qué vergüenza, ¡por favor!), la nouvelle cuisine es:

"Un enfoque a la cocina y presentación de comidas. Este nuevo estilo, que fue una reacción a la cuisine classique (cocina clásica) francesa, se basó en platos más livianos y delicados, sin salsas pesadas ni vegetales cocidos en exceso, y le dio una gran importancia a la presentación de las comidas. "

Bueno, eso es lo que dice la Wikipedia. Una definición para profanos podría ser la siguiente:

"Estilo de preparar la comida donde, generalmente, hay más plato que comida".

Lo siento, pero es así. Ves venir al camarero con un cacharro de porcelana blanco de forma elipseidal que tiene el tamaño de una bañera de Nenuco, y piensas "pedazo chuletón que voy a zamparme". Y cuando llega a la mesa... Tienes que inclinarte para ver el diminuto (pero exquisito, eso siempre) trocito de carne sobre un lecho de verduras al aroma de trufa blanca. ¿Aroma? Oiga, que yo quiero comerme la carne, no llevarla al cine. Además, ¿cómo le han puesto el aroma? ¿Le han echado colonia al solomillo después de hacerlo, o es que han obligado a la vaca a ponerse desodorante de trufa blanca?

Eso sí, para que el plato no parezca muy vacío, se toman la molestia de decorar los bordes (que en este caso son de cinco centímetros) con mermelada, sirope, salsa o lo que tengan a mano. ¡Por sirope que no quede! Yo he visto auténticas réplicas de Miró en los platos.

Otro método infalible para reconocer la nouvelle cuisine, es que las delicias tienen más apellidos que la Marquesa de Parabere. Aunque yo agradecería que tras es nombre que ocupa tres líneas y necesita comas, añadiesen una breve explicación entre paréntesis del tipo "(macarrones con tomate)".

En fin, no he escrito este post por casualidad. Lo he escrito por la indignación que he sufrido recientemente al mirar la carta de uno de esos "restaurantes de moda", sito en una de las "calles de moda". El local era mono, la marca, relativamente reciente (en nuestro país). En sus inicios era sólo una tienda, pero el restaurante no tardó en llegar, así que el otro día, paseando por la calle, me paré a echar un vistazo, por curiosidad...

Ningún plato bajaba de doce euros. Vale.

Ningún plato tenía más de cuatro ingredientes. Uf...

Casi ningún plato llevaba carne. ¿Ein?

La base principal de todos los platos, era el pan. ¿Disculpa? ¿¿Pero cuánto vale el pan?? ¡El pan es un alimento básico! ¡No debe ser caro! ¿En qué momento se volvió caro el pan?

El plato estrella, escondido estratégicamente bajo un nombre con muchos apellidos, ERA PAN CON QUESO.

Que el dios de la cocina perdone tanta incultura por mi parte, pero eso lo llevan comiendo los pastores desde que se estrenó el acueducto de Segovia, y que yo sepa, nadie pagaba por él 19 eurazos de hoy.

Lo dicho. Nos toman el pelo...

lunes, marzo 21, 2011

God save the king (porque le hace falta)




- Hola, buenas tardes. Venía por el anuncio de rey.

- Ah, si, pase, paseeee (voz sibilina). Siéntese aquí, ¿está usted cómodo?

- Muy cómodo sí...

- Bien, bien...

(Silencio incómodo)

- Ejem.

- Ah, si, disculpe. Así que está interesado en ser nuestro rey, ¿no es cierto?

- Así es. Creo que respondo a los requisitos del anuncio: buena presencia, mucha ilusión, ganas de colaborar, experiencia como mandatario en pequeñas villas o pueblos... Además tengo buen ánimo y disposición. Y podría empezar ya mismo.

- Bueno, joven, no tan deprisa. Aquí tenemos ciertas normas que debe conocer.

- Soy todo oídos.

- Bueno, para empezar, me gustaría verle hacer una reverencia.

- ¿Perdone?

- Sí, sí, una reverencia. Se hace así (se lo muestra).

- No, si sé en qué consiste una reverencia (confundido). Pero me tiene usted intrigado. Creí que...

- ¿Sí?

- Bueno, al ser yo el rey...

- ¿Ajá?

- Creí que las reverencias me las harían a mí.

- (Estallando en carcajadas) Jajajajajaja!!!! Por favor, joven, qué gracioso es usted. Creo que hacía mucho tiempo que no me reía tanto.

- Em... Ya.

- Reverencias, es muy gracioso... No, verá, en realidad en nuestro reino se sigue cierta jerarquía, cierto estatus. Se reverencia a un número concreto de personalidades, a la clase noble. Gente que lleva en el reino muuuchos, muchos años, e hizo muuuuchas, muchas cosas.

- Ah, entiendo. Como sabios.

- Más o menos.

- Bien, ¡estoy deseando conocerles y aprender de ellos!

- En realidad, no creo que les vea tan a menudo. La verdad es que suelen viajar bastante, y ya sólo visitan el reino una o dos veces al año.

- Vaya... Pero seguro que hacen grandes cosas, ¿verdad? Grandes prodigios de los que aprender.

- Solían, aunque la gran mayoría están un poquito oxidados.

- Ya veo (pensativo) Y entonces, ¿a qué se dedican exactamente?

- MMMMmmbbbueno, básicamente disfrutarán de las fiestas que se organicen en palacio, beberán mucho vino y criticaran su política.

- ¿Y les reverenciamos por eso?

- Así es. Siempre ha sido así, y aquí nos tomamos las costumbres muy en serio. Son parte de nuestra cultura, nos enriquecen. Si espera ser nuestro rey, espero que respete nuestros hábitos.

- Por supuesto, por supuesto... Oiga, pero aunque no me reverencien, supongo que me tendrán cierto respeto.

- Eso debe ganárselo con el sudor de su frente.

- Lógico. Aún así, teniendo en cuenta que la remuneración es...

- Ninguna.

- Eso, ninguna. Supongo que serán benévolos en su valoración de mi buen hacer, ¿verdad?

- ¡En absoluto! Sepa que ser nuestro rey es todo un honor. Aquél que desee gobernarnos deberá demostrar que es digno de hacerlo.

- Ah, sí, eso me recuerda que tengo muy buenas ideas para el gobierno. Había pensado en cambiar la forma de recogida de los impuestos.

- Hummm... No sé si eso le será posible.

- ¿Establecer alianzas con el reino vecino?

- No.

- ¿Incentivar la cría y venta de ganado bovino para depender menos de la importación.

- No.

- (Desesperado) ¿Edificar una nueva torre de vigía? ¿Reconstruir los puentes? ¿Potenciar el comercio marítimo con la construcción de una flota?

- Mira, creo que será mejor que se olvide de la política, así en general.

- A ver si lo he entendido (poniéndose de pie, incrédulo), ¿ustedes quieren un rey que no gobierne, que no sea apreciado por las multitudes ni respetado por la nobleza, que se deje la piel sin cobrar un maravedí, que sea el blanco de todas las críticas y que además tenga buena disposición y presencia?

- Hombre, dicho así, suena fatal.

- ¿Hay algo que tenga que hacer?

- Llenar las arcas y molestar lo menos posible. También sería de agradecer un comportamiento "cristiano" ante los insultos inmerecidos, esto es, poner la otra mejilla. Ah, y si nos dejase un heredero para evitarnos los anuncios en la gacetilla local, sería estupendo.

- Pero vamos a ver, ¿para qué quieren tener un rey entonces?

- Es evidente, joven: no podemos ser un reino sin tener un rey. Está clarísimo.

- Bueno, ¿y por qué no ocupa el mando uno de ustedes, nobles de alta alcurnia?

- Por favor, ¿quién sería tan estúpido como para aceptar un trabajo así?

jueves, marzo 10, 2011

"El comemierda"






"N. del T."

(Del lat. comedĕre mierdius)

1. m. y f. En algunos ámbitos conocido como "el buenazo", en otros menos amables simplemente "el pringao". Dícese de la persona que generalmente antepone los intereses del grupo a los suyos propios, creyendo ilusamente que el grupo seguirá su ejemplo y algún día será otro el que se sacrifique por sus intereses.

Se les reconoce por su sonrisa bonachona, por su predisposición y, sobre todo, por sus ojeras. Se alimentan de la ilusión ante el posible éxito de nuevos proyectos. Como normalmente no le dan "feed"- back, tiene además que autoemocionarse para ganarse el sustento si no quiere morir de hambre.

El comemierda común suele rodearse de personas que se caracterizan por tener los labios prominentes o bien la piel seca y curtida (es decir, con mucho morro o cara dura). Es habitual en él disculpar al ciudadano común cuando le hace un feo tras otro alegando excusas genéricas como "su canario está enfermo" o "está cansado", haciendo además que en el sujeto éstas excusas parezcan poco menos que un tacto rectal.

Tiene capacidad para acometer muchas labores que consigue llevar a cabo exponiendo su integridad física y mental, y desconoce por completo la existencia de la palabra "no". También es un espécimen crédulo hasta lo indecible, por eso confía en la palabra de la gente cuando dice que se compromete, aunque lo habitual es que se lo pasen por una zona al sur de la espalda y acabe currando él solito.

Mantienen el sentido del humor y son capaces de sonreír incluso cuando han sido vilipendiados y ninguneados por su mejor amigo. Eso es porque también son desmemoriados.

Algunos estudios han demostrado que, al contrario de lo que la mayoría de los seres humanos piensa, los comemierda sí tienen límites. Se han dado casos de algunos que han llegado a derrumbarse con el cerebro convertido en pulpa, se han exiliado a una isla desierta para no volver jamás o bien se han entregado a un sueño profundo para recuperarse que puede durar hasta veinte años.

En algunas ocasiones son esos tipos que un dia se arman con una escopeta, se suben al campanario de la iglesia, y arremeten contra todo hijo de vecino.

Si algún día se encuentra con alguno, sea amable. El hijo de vecino se lo agradecerá.

miércoles, octubre 06, 2010

Treinta para quince





A ti, joven de treinta años que no dejas de soñar, que no rehúyes a la imaginación, que a pesar de la rutina de la responsabilidad sabes aderezar la vida con sorpresas inesperadas, que no pierdes la confianza en el mañana. A ti, que guardas con celo una parte de tu infancia en tus recuerdos, que gustas de revivirla cuando la ocasión es propicia, que todavía eres capaz de sonreír por nada en concreto. A ti, que te enfrentas a cada día como si fuese el primero, que no te dejas influenciar por quien desea nublar tus horas, que has puesto freno a la melancolía con un muro de optimismo.

A ti, que de todo eres capaz de sacar un mensaje positivo, que al caerte al suelo te sacudes el polvo y continúas andando, que aplicas con la emoción de un niño la sabiduría de la madurez. A ti, joven de treinta para quince: no dejes nunca de soñar. Así tus primaveras serán largas, tus veranos felices y tus inviernos muy cortos.

Y a ti, joven de treinta años, que te atrincheras en las desgracias, que continuas utilizando argumentos pueriles, vacíos, absurdos, los mismos que blandías en el isntituto. A ti, que acostumbras a culpar de tus desdichas a todos los demás. Al novio, porque se fue con otra. Al empresario, por no contratarte. A tus amigos, por no entenderte. La culpa nunca es tuya. No pudiste haber cambiado, no encontraste en ti nada que mejorar. A ti, que prefieres hacerte la víctima (porque hacerse la víctima está claramente de moda, sobre todo en Facebook) y airear tu vida personal con poéticos, aunque muy evidentes, Nicks y mensajes en tu muro. A ti, que encuentras consuelo en los aluviones de palabras de ánimo que te transmiten supuestos amigos a los que no importas lo bastante como para darte un abrazo, en lugar de un cariñoso pero frío consejo a través de Internet.

A ti, que no has sabido superarte, reinventarte, adaptarte al camino que cambiaba frente a ti. Que en lugar de reemplazar tus zapatillas por aletas cuando el monte se transformó en mar preferiste quedarte en la orilla llorando, viendo cómo todos los demás cruzaban.

A ti, joven de treinta para quince: madura un poquito, por favor.

sábado, julio 24, 2010

Momentos en los que sentimos deseos de gritar: "¡¡¡¡NNNNOOOOOOOO!!!!"




Son los momentos espeluznantes de esta sencilla vida, instantes en los que el famoso "Tierra, trágame" se queda corto. Todos hemos sido los humillados protagonistas de esas escenas en las que la única salvación es hacer acopio de valor y tomarnos con humor lo ocurrido para poder salvar la poca dignidad que nos queda.

Es entonces cuando soñamos con poseer esos milagrosos aparatitos de los que hacen gala en la película "Men in Black", para borrar la memoria de todo bicho viviente que haya presenciado nuestra vergüenza.

Pero esos aparatitos no existen, ni tampoco las varitas de Harry Potter, ni las pociones de pérdida de memoria. Forman parte de la publicidad engañosa de Hollywood. Como las cremas de reducción de celulitis, o los geles limpiadores que eliminan espinillas en tres días (algo indemostrable, porque no conozco ningún adolescente capaz de soportar tres días una espinilla sin quitársela)

Existen varios ejemplos sobre situaciones en las que sentimos deseos de gritar "¡¡¡NNNOOOOOO!!!". Por ejemplo, cuando escribes un mail a un amigo hablando sobre un tercero, y de tanto pensar en ello tu cerebro te juega una mala pasada, haciendo que pongas el nombre del susodicho en el destinatario, cosa que descubres sólo mientras tu dedo está pulsando el botón "Enviar".

Otro caso muy común es haer una entrada magistral en una fiesta, con la cabeza bien alta, el vestido impecable, la sonrisa pintada en la cara, y tropezar con el primer escalon que te encuentras, sólo cinco segundos después de tu aparición estelar. Como los tacones suelen ser normalmente los culpables de dicha "performance", es de suponer que esto suele ocurrirle sólo a las mujeres, y por lo tanto puede ir acompañado de:

1- Que la falda se levante gracias a la caída y le enseñes tus bragas a todo el mundo.

2- Que tu bolso se abra, y 20 personas se enteren del tamaño de tampax que utilizas mientras te ayudan a recogerlo todo.

3- Un tobillo roto.


Personalmente, también sentí deseos de decir "¡Nooooo!", cuando mi mejor amiga me confesó que era fan de la saga Crepúsculo y puso la banda sonora como tono en su móvil. Pero eso es otra historia.

He sido testigos de No's desesperados cuando el lunes a las nueve menos cuarto de la mañana alguien descubre que la máquina de café se ha estropeado, augurando caras largas y trabajadores durmiendo sobre sus teclados. La marca del "Bloq Mayús" en la frente resulta muy poco favorecedora.

Pero puede darse una situación mucho, muchísimo peor. Una perfecta combinación que te hace sentir el "Screech Powers" del mundo. Esta receta del desastre se compone de tres ingredientes esenciales: una oficina en hora punta, ser el nuevo y.... chilli con carne.

Porque de todas las comidas que uno puede llevarse al trabajo para comer con tus compañeros, rodeados de las otras treinta personas que caben en el comedor, el chilli es quizá la más peligrosa, no sólo por su delicada consistencia o su facilidad para mancharte, si no por su parecido con la caca cuando no lleva suficiente tomate.

Y cuando sólo llevas dos semanas trabajando en un lugar donde TODOS SE CONOCEN (a pesar de ser unos 250) y estás sentando las bases de cómo se te reconocerá a partir de entonces y hasta que te marches, de ninguna manera deseas ser "la chica que llevaba una mancha marrón con tropezones en el pantalón".

Ah, pero la providencia es cruel, y se divierte a nuestra costa aliándose con unos reflejos que distan mucho de ser los de un felino. Así que mientras ves cómo accidentalmente el cuenco se vuelca, y la comida empieza a descender el pegotes hacia tus pantalones color beige, ¿qué haces?

Pues, sencillamente, cerrar los ojos, cubrirte la cara con las manos y negar la realidad al desesperado grito de "¡¡¡¡NNNNNOOOOOOO!!!!"

Porque en ocasiones como esa, "Tierra, trágame" no es suficiente.

martes, mayo 11, 2010

Pájaros Rojos


Hay dolores que han perdido
la memoria y no recuerdan
que son dolores.

Tenemos un mundo para cada uno
pero no tenemos un mundo para todos


Esto es un homenaje, uno pequeño y humilde, pero el mejor que podía llevar a cabo. Esto es un homenaje a Graciela.

Sólo hace dos días que la conocí, y sin embargo no he podido dejar de pensar en ella durante mis ratos libres. Fue el pasado domingo, lluvioso y gris, cuando en la reunión T. apareció con sus obras completas de poesía bajo el brazo. Era la hermana de un compañero suyo, profesor de la Universidad. Una hermana secuestrada y asesinada, como muchas otras en la terrible dictadura que sufrió Argentina en los años setenta.

Mentiría si dijera que sus poemas no dejaron mi espíritu invadido por una profunda tristeza. No es que el hecho me pillara por sorpresa: aunque vagamente, conozco lo ocurrido en aquél lugar que los primeros exploradores llamaron Sierra de la Plata. No fue el desconocimiento lo que tiñó mi domingo de melancolía. Fue el poner un nombre, uno sólo, a ese número indecentemente elevado de desaparecidos. Porque parece que no somos capaces de comprender los hechos hasta que el número no se convierte en una persona.

El príncipe azul me convenció para tomar un café por la tarde, con la esperanza de animarme, y así pasó treinta minutos sentado frente a mí, en silencio, permitiéndome pensar. Permanecí con la mirada fija en el té con leche y rodeada del ruido de conversaciones que lanzaban a mis oídos palabras sueltas.

Finalmente, levanté la vista y le confesé mi impotencia. ¿Cómo es posible que no pueda hacer nada, nada, por la memoria de esa muchacha? Me siento en deuda, al fin y al cabo, por tener una vida tan afortunada, cuando otros han corrido una suerte bien distinta. Entonces el príncipe azul me miró, y me dio la respuesta más sabia que podría haber esperado.

- Sí puedes hacer algo. Puedes estudiar. Puedes aprender qué pasó realmente, para contárselo a todo el mundo, y asegurarte de que no olviden jamás que hace menos de treinta años hubo una dictadura en Argentina.

Y tiene razón, toda la del mundo. Porque el olvido es un fiel compañero de la reincidencia, y nada hay más peligroso que la ignorancia. Sólo el conocimiento nos salvará de consentir las mismas atrocidades y tropezar con las mismas piedras. Treinta años no son tantos. El año en que yo nací, terminó la dictadura en Argentina. ¡El año en que yo nací!

Y aquí estoy, escribiendo este homenaje a Graciela, con su obra completa a mi lado en la mesa. Obra que fue encontrada por su familia en su piso destrozado, y posteriormente publicada. Una obra que no ocupa más de 80 páginas. Pero hay que perdonarla: apenas contaba con 20 años cuando fue asesinada.

Queda este post como testigo de su existencia, con la esperanza de que todos aquellos que lo leáis no os olvidéis nunca de Graciela ni de Argentina. Y no permitamos que vuelva a ocurrir nada semejante.

Y como despedida, un regalo: el poema que da nombre al libro, "Pájaros rojos".


Pintaba pájaros rojos
rodeados de fuego
que buscaban cielos azules
los cielos, lejos...

Pintaba pájaros rojos
que se parten en el cielo,
y él se partía con ellos,
que juegan con el tiempo,
y él jugaba con ellos.

Pintaba pájaros rojos
rodeados de fuego
que buscaban cielos azules,
primaveras
y él buscaba con ellos.
Ayer,
el viento se los llevó bailando,
lejos,
ellos no fueron.

Hoy sobre las baldosas
muchos pájaros rojos
buscan cielos azules
rodeados de fuego.

Graciela Pernas Martino

miércoles, febrero 24, 2010

“Sum Fortis” (ser fuertes)



(Una historial "real", basada en hechos "reales")

Yo, una esclava, una ilota, quizá la pieza menos importante de esta ciudad, fui elegida para ser escudera, para compartir penas, alegrías, fracasos y victorias con la élite del ejército de Esparta: los 300 Iguales de Leónidas.

Y a pesar de llamarse Iguales, eran todos distintos. Algunos soldados eran jóvenes, aunque bien entrenados, y después estaban los guerreros más experimentados, con almas forjadas en mil batallas. Los había más metódicos, y menos ordenados, más dados a la risa y de semblante serio, pero compartían un sentimiento único de resistencia, de lucha, de supervivencia.

El enemigo persa avanzaba sin descanso hacia nuestras soleadas tierras, al mismo tiempo que dirigíamos nuestros pasos a las Termópilas, el lugar que habíamos elegido para combatir, vivir o morir por Esparta. Algunos de nosotros no volveríamos. Otros volverían, pero siendo distintos. Unos pocos puede que tuvieran la posibilidad de escapar y continuar siendo soldados en países lejanos. Todo estaba por decidir.

Como escudera, mi labor consistía en servir a los Iguales, pero al contrario de lo que pudiera esperarse, su trato conmigo no fue excluyente. Al cabo de no mucho tiempo era una más en la compañía. “Aprende todo lo que puedas aquí”, me dijeron al llegar, “Y tu viaje no habrá sido en vano”.

Y puedo afirmar, sonriente, que así lo hice. De hecho, aprendí algo de cada uno de ellos, ya fuera porque ellos me lo explicaban o porque yo les observaba. Aprendí que las apariencias engañan. Que debo ser valiente cuando llegue el momento. Que la risa no está reñida con el buen desempeño de las labores. Que cuando me ordenen afilar un xifos, debo aprovechar para aprender a utilizarlo también.

Una noche mientras descansábamos al amparo de las estrellas tintineantes y los ojos de los dioses, una de las pocas mujeres espartanas que habían marchado con nosotros se acercó a mí. Me dijo que aunque el tiempo se me agotaba (pues se había decidido que ningún escudero quedara con los 300 cuando entraran en combate) debía sentirme orgullosa de haber podido aprender de los Iguales.

- Porque – me dijo – ésta es una tropa especial, formada por guerreros muy antiguos. Algunos de ellos incluso ya no recuerda cuando empuñaron por primera vez una lanza, o cuál fue la primera ocasión en que durmieron al raso, con su capa escarlata como único abrigo contra el frío invernal. No todos los escuderos tienen la oportunidad de formarse con un ejército tan experimentado. – Y señalando al oscuro firmamento, añadió – Aprovecha la ocasión, pues son únicos, como las estrellas del cielo.

Confío en haber cumplido esa promesa. Pienso en ello mientras vuelvo sobre mis pasos, de regreso a casa, levantando la vista hacia las luces de la noche, acompañada de la otra escudera, que comparte mi camino. Me llevo conocimientos y un puñado de buenos recuerdos, y atrás quedan los Iguales de Esparta, esperando con los escudos levantados al enemigo que se cierne como una sombra sobre Grecia.

Pero no temo por ellos, ni por mí. Porque son fuertes. Somos fuertes.

martes, julio 21, 2009

Sexo, mentiras y cintas de vídeo



Banda sonora (opcional): The Strokes - Meet me in the bathroom Escuchar



Sexo

Clave en un relación. De hecho, es básicamente lo que diferencia a un buen amigo, con el que puedes salir a cenar, ir al cine o escaparte un fin de semana, de un novio, que cumple todas esas funciones y además, se acuesta contigo. Así que de hecho podríamos decir que sin sexo, no hay relación.

Si no se "encaja" en ese sentido, la cosa se pone difícil. Aunque no estoy realmente segura de si es una cuestión de conexión o simplemente hay personas que practican el sexo bien, y otras que lo hacen francamente mal. A menudo pienso que cuando un hombre defiende fervientemente la teoría de que no existe gente que lo haga bien y gente que lo haga mal, si no que depende que como encajen las dos partes, es muy posible que lo diga porque sea de los que en la cama es el equivalente a Leticia Sabater en una fiesta heavy: no tiene ni idea de qué hacer y además se le nota. Pero todos los humanos necesitamos justificarnos alguna vez.


Mentiras

Que los hombres disfruten del sexo más que las mujeres, o que siempre tengan ganas y ellas no, me parece la patraña más grande de todos los tiempos, a la altura de la chorrada del Actimel y los L Casei e Inmunitas (¿qué mierda es un "Inmunita"? Esta es sólo mi opinión, pero dada mi pequeña experiencia me atrevo a decir que creo sinceramente que si a una chica, por lo general, no le apetece, es porque no lo disfruta, es decir, él es un patán, o ella, o los dos. Echarle la culpa a nuestra diferencia de género es una forma de quitarse el marrón. De eso nada, chaval, hay que hacer un esfuercito y cumplir.

¿O vais a decirme que cuando a un hombre se le quitan las ganas no nos parece a todos rarísimo y empezamos a preocuparnos? "Debe ser estrés, o que está realmente deprimido. Algo le debe pasar, seguro". Ya claro. Pero si a nosotras no nos apetece, es porque somos mujeres. Pero que morro.


Cintas de vídeo

En vez de ver tanto porno, lleno de situaciones estravagantes en las que NUNCA se verán involucrados, los hombres deberían ver "Sexo en Nueva York". Parecerá una cursilada, pero pueden aprender un par de cosas interesantes. Algunas se lo agradeceríamos mucho.


Y antes de despedirme, una ley universal que se cumple bajo cualquier supuesto sobre el Sexo, las Mentiras y las Cintas de vídeo:

Si el sexo es más y mejor en tu cabeza que con la persona con la que sales, es hora de dejarlo

Sed felices.

martes, marzo 24, 2009

Relevo generacional




Banda Sonora (opcional): Luis Ramiro - K.O. Boy Escuchar


Parece extraño, pero este post está inspirado por una clase que recibí hace dos semanas sobre Política de Inversión, en una maravillosa asignatura llamada "Gestión de Carteras". ¿Les suena árido, aburrido, complejo? No se preocupen, no están enfermos. Es así.

No obstante, llegados a cierto punto de la clase, nuestro profesor tuvo a bien mostrarnos la pirámide generacional que el INE espera de aquí al año 2050.
Deléitense:

(Instrucciones: Dadle al play, luego dos o tres veces al botón de avanzar para pasar las primeras diapositivas y a partir de entonces avanza solo)



Esto es, los españolistos tenemos tan pocos hijos que dentro de unos años muy pocos trabajadores mantendrán a muchísimos abuelillos. Y por cierto, nótese que la mayoría de las mujeres sobreviven a sus maridos. Ya lo siento.

Pero lo que me vino a la mente en ese momento piramidal no fueron sesudas reflexiones sobre demografía española, sin no que las personas, a lo largo de las muchas etapas de nuestra vida, pasamos por ese "relevo generacional".

Cuando somos pequeñines la elección de nuestros amigos se basa en un par de cosas fundamentales: con quién te lleva tu madre a jugar al parque y con quién nos sientan en el cole (casi siempre por orden de lista). En cuanto tenemos un poco de uso de razón, se produce el primer relevo generacional, en el que del grupo primigenio escogemos a aquellos amigos que tienen en común con nosotros algo más que la ingestión de plastilina, y a esos se añaden otros desconocidos con los que entablamos amistad.

En la época adolescente se dan dos situaciones: Una, que el relevo se produzca de manera brutal, con una sustitución absoluta que sintoniza con el cambio hormonal sufrido, y que hace que pasemos de un grupo a otro (muchas veces dependiendo de el/la novio/a de turno) hasta que encontramos aquél en el que más a gusto nos encontramos. La otra situación, completamente opuesta, se produce cuando el grupo primigenio afronta y comparte los diferentes cambios que sufrimos en nuestra forma de vestir, sentir, pensar. Esto refuerza los vínculos y generalmente los convierte en eternos.

Al llegar a cierta edad, generalmente la universitaria y post universitaria, es posible que el relevo se produzca con bastante frecuencia. En la mayoría de los casos esta frecuencia es directamente proporcional al número de veces que cambies de pareja. Te hechas una novia, conoces a sus amigos, quedas con ellos de vez en cuando, entablas una relación de cuasi amistad (ya sabéis que opino que los amigos de tu novio/a no son tus amigos) y de repente, la relación se termina y te quedas compuesto, sin novia y sin colegas. Pero no sufras hombre: ya llegará la siguiente novia con los siguientes amigos para hacer el consiguiente relevo generacional.

Y aquí me detengo, en este punto en el que me dio por reflexionar: ¿qué pasa si no queremos que se produzca ese relevo? ¿Qué pasa si, simplemente, nos negamos a sustituir a los miembros de la "antigua vida" por unos nuevos?

Porque estos cambios, al final, acaban siendo pesados, dolorosos y difíciles. La necesidad de seguir adelante con nuestra vida, el deseo de supervivencia, nos obliga a olvidar ciertos momentos y a ciertas personas, lo que deja lagunas y hasta veta ciertos rincones de la mente, donde fijamos un cartel que reza: "Prohibido entrar, peligro de llanto inminente".

Es lógico que estas situaciones se produzcan. Al fin y al cabo lo suyo es que intentemos sufrir lo menos posible. Sin embargo, cuando las circunstancias se repiten una y otra vez, empiezas a sentirte un poco engañado. Vamos, que lo del relevo generacional es un timo. Y además un timo un poco cruel, que en ocasiones se repite con más asiduidad de lo que quisiéramos todos.

Por eso a veces te plantas y dices "Se acabó, aquí me quedo. Paso de sustituir nada. Esto es más frustrante que limpiar los baños de una discoteca: te matas para que quede perfecto y reluciente pero sabes que cinco minutos después todo volverá a estar lleno de meados. Prefiero lo malo conocido, aunque sea un poquito doloroso al pesadísimo proceso de volver a reordenar mi vida amorosa y social".

Si todo dependiera de ti... Pero ay, la vida es dura, y este tablero se comparte con muchos otros jugadores que puede que hayan decidido seguir la partida sin ti.

El relevo generacional tan inevitable como el paso del tiempo, y está unido a él con un lazo tan fuerte que ni siquiera la actitud más testaruda puede romper.

Por suerte, a veces ese relevo nos trae cosas maravillosas. Mientras tanto, habrá que aguantar el temporal. Para eso somos unos supervivientes.

jueves, marzo 05, 2009

Historia "Almodovariana"



Banda sonora (opcional y optimista): Pete and the pirates - Knots Escuchar

Así la definió Samantha, su protagonista. Aunque yo preferiría llamarla "Defender la alegría", pero al fin y al cabo, como la historia es suya, tiene derecho a elegir el título de la misma.

Era un mediodía de un lunes-martes-miércoles-jueves. La verdad, el día es irrelevante, y cuando trabajas, salvo el viernes, todos parecen el mismo. Hallábase Samantha esperando el autobús para ir a buscar a su madre y acompañarla al aeropuerto. Aparece por fin en el horizonte el susodicho, Samantha se sube, se acomoda en el asiento y se deja llevar entre el mar de corbatas y tacones en coches deportivos ridículamente pequeños o todoterrenos ridículamente grandes.

En esto, el autobús se detiene en una parada donde nadie espera, nadie baja y nadie sube. El autobús avanza medio metro para situarse junto al semáforo en rojo, preparado para salir disparado en cuanto cambie el disco. Entonces aparece en escena una señora mayor, que tímidamente da un golpecito en el cristal de la puerta. El conductor no se inmuta. La viejecita vuelve a intentarlo. El conductor en sus trece, ni pestañea (modo estatua: ON). La mujer se da por vencida y vuelve a la parada, donde se sienta a esperar.

Samantha, que ha presenciado la escena, y que lleva puestas sus gafas de "La vie en rose", toda optimismo y amabilidad, piensa:

"Eso es que el conductor no la ha visto...". Y ni corta ni perezosa, abandona su cómodo asiento y llega hasta el conductor.

- Disculpe - dice ella - Creo que no ha visto que había una señora en la puerta.

- Sí la he visto - responde tajante el conductor - ¿Y?

- Pues hombre - contesta Samantha sorprendida - Que podría haberle abierto la puerta.

- Es que si no estoy en al parada no tengo por qué abrir - dice con el desprecio del típico malvado de opereta cutre.

Samantha gira la cabeza. La mitad del autobús aún está en la parada. Así se lo comenta a su amargado interlocutor.

- Es que si ya he abierto las puertas una vez, no tengo por qué volver a abrirlas - y en esto levanta más la voz, resultando ya grosero - ¡Además, que a mí nadie me hace favores en el trabajo y yo no tengo por qué hacerlos!

Y con esto, zanjado queda el tema. Vuelve Samantha a su asiento perpleja, y en el autobús ya se oyen murmullos de otros viajeros que (ya sean cotillas o comprometidos), han sido testigos de toda la historia.

Cuando llega su momento, Samantha presiona el botón de parada y se apresura a situarse junto a la puerta (no vaya a enfadarse el Sr. Conductor). Fue en ese momento cuando el murmullo de protestas y del "hay qué ver, qué gente" se hizo perfectamente audible, e incluso un par de testigos ofrecieron a Samantha su apoyo y su número de teléfono para que presentara una queja en nombre de todos a nuestra amada EMT.

Baja mi amiga, recoge a su madre y ambas suben a un taxi. "Al aeropuerto, por favor", y comienza a contarle a su madre la increíble historia vivida en el autobús. En esto el taxista, que no es sordo, le pregunta:

- Disculpe que la moleste. ¿Está hablando usted de un "compañero"? (con "compañero" se refiere a otro taxista, por si no estáis familiarizados con la jerga)

- No, es un conductor de autobús. ¡Pero hay que ver, qué poca vergüenza!

- ¡Tienes usted mucha razón señorita! - responde el taxista - Si es que no se puede ir así por la vida. Mire, coja una hoja del montón que tengo ahí detrás, y llévesela para repartírsela a todo el mundo, como estoy haciendo yo.

Samantha coge una hoja del montón de copias, y encuentra escrito lo siguiente:

"LA SONRISA"

Una sonrisa no cuesta nada y significa mucho.

Enriquece a los que la reciben sin empobrecer a los que la dan.
Dura un instante, pero su recuerdo es eterno.

Nadie es tan rico como para poder vivir sin ella,
ni tan pobre como para no poder regalarla.

Gracias a ella se crea un clima amable y hogareño.
Es el signo sensible de la amistad.

Una sonrisa relaja al que está nervioso
y da coraje al descorazonado.

En resumen, ¡SONRIE!"

Normal que nuestra amiga volviera por la tarde a la oficina como si se hubiera colado en una película surrealista, o una de Almodóvar, como ella misma señaló, impresionada de cómo somos los seres humanos, unos tanto y otros tan poco.

Después de escucharla me pareció tan curiosa que solicité su permiso para colgarla en el blog. Y mientras me pasaba el poema de la sonrisa, le dije:

- Esta historia refuerza mi teoría.

- ¿Qué teoría?

- Que cuando la gente no folla, se les acaba notando.

(Y cuando es alegre y feliz, también)

domingo, febrero 15, 2009

Un 14 como otro cualquiera...


Banda sonora (opcional): The Coral - Dreaming of you Escuchar


Relación de gastos:

- Entradas para el teatro = 40 euros

- Chocolatinas para tomar en el descanso de la obra = 4,7 euros

- Los nervios, la ansiedad, la impotencia, el sentirme estúpida y por último, perderme la obra, no tienen precio.


Hay cosas que, efectivamente, el dinero no puede comprar.



P.D. Disfrutad de la canción, que es buenísima. Ah, y los planes que se frustraron no eran para celebrar San Valentín, eran para celebrar que he acabado el segundo examen del master... Por si había dudas.

lunes, febrero 09, 2009

El maquillaje lleva a la ira, la ira al lado oscuro.



Banda sonora (opcional): Nancy Sinatra - These boots are made for walking Escuchar


Hoy voy a hacer una confesión brutal que implica descubrir la verdad sobre aproximadamente un 90% de las mujeres. Sé que será duro saberlo, pero creo que en el fondo nos beneficia que los hombres lo sepan... espero.

Hombres del mundo: las mujeres no somos perfectas.

Me refiero a perfectas de nacimiento. Me explico: nuestra piel no es muchísimo más suave que la vuestra por obra de la naturaleza. Usamos crema para ese propósito. Nuestros dientes no son relucientes porque sí. Nos los lavamos mucho, muchísimo. Cuando una chica tiene una cita, y acude a ella perfecta, no es porque la perfección esté implícita en su forma de vida. Es porque se lo curra.

Vayamos por partes. Una cita para una chica empieza el día anterior. Ese día comprueba que está perfectamente depilada, y si no, ya tiene algo que apuntar en su agenda para el día siguiente. Esa noche, intenta en vano dormirse a una hora decente para no tener cara de muerta al día siguiente. Y digo en vano, porque si sus muchas obligaciones le permiten acostarse temprano, seguramente dará vueltas en la cama pensando dónde irán, cómo será y qué se va a poner.

Tema muy importante, por cierto, y odisea que comienza a la mañana siguiente. La eterna pregunta: ¿Qué me pongo? Y otra mucho peor: ¿Alguien sabe como se viste una guapa pero sin que parezca premeditado? Es que ni el oráculo de Delfos sería capaz de dar una respuesta acertada.

Además, el vestuario se divide en dos partes indisociables pero que requieren el mismo esfuerzo mental: lo que se ve y lo que no se ve (es decir, la ropa interior). Mi madre siempre me dice que una mujer nunca se siente insegura si ella cree que va adecuadamente vestida, y estar segura de lo que se hace cuando se ha quedado con un chico es muy importante (sí, ahí está todo el juego que da la ropa interior escogida)

Si se sobrevive al trance de la elección del vestuario, llegamos al proceso que en las fábricas se conoce como "chapa y pintura". Esto es, la ducha (con todos sus ingredientes, a base de gel, exfoliante, acondicionador, leche hidratante, cola- cao... etc) y el maquillaje, fase que dependiendo de la técnica y de si el encuentro tiene lugar de día o de noche, puede durar de quince a sesenta minutos. Menciones especiales en este apartado a todos esos inoportunos que te llaman al móvil justo cuando estás haciéndote la raya del ojo y consiguen que parezcas Cleopatra.

¿Ya está, eso es todo? Ahhh, no, de eso nada. Falta la parte de la mentalización. Ésta comienza cuándo ambos deciden quedar y termina cuando se produce el encuentro. Consiste básicamente en concentrar una buena parte de tu cerebro en la dichosa cita y en el dichoso chico. Los efectos secundarios son: falta de concentración (peligroso si vas a conducir o a manejar maquinaria pesada), pérdida de apetito, taquicardias, dolor de cabeza (de tanto pensar), nervios y en ocasiones, naúseas.

Por eso que te cancelen una cita molesta MUCHO. Por eso, que no te digan "que guapa estás" molesta MUCHO. Todo tu trabajo, tus ilusiones y los esfuerzos que has realizado durante horas no han servido para nada. De ahí que el maquillaje pueda llevarte al lado oscuro. Y que la venta de helados no cese ni en invierno (son antidepresivos sin receta médica)

Así que, hombres del mundo, ahora que sabéis nuestro secreto os suplico lo siguiente:

1- Si una chica está guapa, decídselo. Si ha hecho un esfuerzo por agradaros se merece el cumplido.

2- Nunca canceléis una cita a no ser que sea un caso de vida o muerte.

Elia, que se ha quitado las botas y el brillo de labios y escribe todo esto en vaqueros.

martes, enero 27, 2009

Va por ustedes



Banda sonora (muy recomendable, sobre todo para entender bien el post): Coldplay - The Scientist Escuchar

La semana pasada fui pronto a mi clase de piano. A veces lo hago para estar un ratito practicando antes de empezar la lección. Las aulas son pequeños espacios acogedores en medio del caos de la ciudad. Fuera puede ocurrir de todo, pero en aquella habitación sólo estáis tú y el instrumento. Entre Yan Tiersen y Chopin a veces se me va la mano... de repente empecé a tocar esta canción: The Scientist, del grupo Coldplay.

Y como la música sale de lo más profundo del alma, canté. Y surgieron ante mí las cosas que últimamente me rondaban la cabeza. Llegaron a mi mente las palabras de algunas personas que decían que al leer el blog se sentían identificados. Saboreé las cosas buenas que me habían pasado en aquellos días, y también las malas. Estas últimas son las que a veces nos hacen sentir muy solos, como si nadie pudiera percibir nuestro dolor. Son pensamientos envenenados que nos dicen que a nadie le importan esas lágrimas que derramamos en las sombras de nuestra habitación.

Pero yo sé ahora, y también en cierto modo lo sabía cuando empecé a tocar la canción, que en el fondo, nunca estamos solos. Hay miles de personas en el mundo que están pasando o pasaron por lo mismo que nosotros. No les conocemos. Nunca les hemos visto la cara. Pero estamos conectados, con un hilo muy, muy finito, imperceptible. Y aunque no podamos tenderles la mano ni darles una palmadita en la espalda (tampoco nos corresponde a nosotros hacerlo) sí podemos acordarnos de ellos de vez en cuando.

En mi caso, yo quise dedicarles una canción a todos aquellos que en ese momento se sintieron un poco solos. El jueves, a las 20:11 yo me acordé de vosotros. Y aunque no sé quienes sois, ni qué aspecto tenéis, desde una calle de Madrid, con mi piano y mi voz, os acompaño, os tiendo una mano y os empujo a seguir adelante.

Post dedicado a Leticia, por "los limones y el azúcar"

lunes, enero 19, 2009

Cosas que he aprendido en estos dos días



Banda sonora (opcional): Linkin Park - Nobody's listening Escuchar


Gracias a Love Story:

- Amar es no tener que decir nunca "Lo siento".

Gracias a mi trabajo:

- Ser feliz en un trabajo es no tener que pensar nunca "Que te den por culo, guarra".

¡Que levanten la mano todo los que alguna vez han deseado convertirse en un tigre delante de su jefa/e!

miércoles, enero 14, 2009

Waterloo





Banda sonora (opcional): ABBA - Waterloo Escuchar

Napoleón era un retaco. Y, por si no lo sabíais, tampoco era extremadamente guapo. Sin embargo, no creo que hubiese tenido problemas para ligar, pues por todos es sabido que era un gran estratega.

Y ligar, muchas veces, es una cuestión de estrategia.

En el amor como en la guerra, elegir una buena táctica es vital. Si te equivocas, puedes haberla cagado para siempre. Ya no hay marcha atrás, se despedirá con un "ya te llamo yo", y no volverás a verla/e. Y todo por una mala estrategia.

Hace un tiempo lo comprobé con un chico (¿veis? Mis post están basados en experimentos reales. ¡Para que luego os quejéis de que no me esfuerzo! xD). Compararemos las dotes de Napoleón con las de él para ver qué hizo mal y qué hizo bien. El chico, al que llamaremos Lestat, fue muy majo cuando le conocí. Me dio la impresión, por lo que decía, de que yo le parecía una chica interesante, algo fuera de lo común, suficiente como para hacer un pequeño esfuerzo. Así que ese día fue muy amable y simpático, y se fue de aquel sitio con mi número de teléfono.

Enhorabuena, una estrategia clásica y bien escogida para el tanteo preliminar: ser amable, educado y simpático.

Es importante que el “enemigo” sienta la presión propia de un ejército a las puertas de una ciudad, para que no olvide ni por un momento que está “bajo asedio”. Por eso me escribió un mensaje al día siguiente para darme su número y saludarme de una forma muy curiosa que sólo entendería una persona que hubiese estado presente en nuestra conversación del día anterior. Bien hecho otra vez: Recordatorio de "aquí estoy, que no se te olvide lo que pasó ayer" y comienzo de vínculo utilizando un saludo que sólo él y yo podríamos entender.

Quedamos esa misma semana para tomar algo. Y aquí es cuando la estrategia empieza a flaquear.

Primero fuimos a ver una obra de teatro. Eso es positivo, implica en cierto modo que se ha molestado en pensar un plan original. Buena jugada.

Error: cuando estás asediando, no puedes distraerte. Si te pones a mirar lo que está pasando en el pueblo de al lado es muy probable que los habitantes de la ciudad aprovechen para huir. Es decir, se pasó la obra entera devorando con los ojos a las actrices y mirándome de reojo para ver cómo me sentaba. No sé si es que yo soy rara, pero no entiendo el proceso mental que le lleva a creer que cuanta menos atención me preste, más ganas tendré de enrollarme con él.

Después nos fuimos a tomar algo. También vino mi mejor amiga (que resultó que también estaba viendo la obra, mira tú que casualidad…). Lo mejor es llevar al “enemigo” a tu terreno para poder controlar la situación. Ponerle una trampa y que pique. Pero la trampa se pone con un dulce, algo que le tiente. Y criticar cada cosa que dice la persona con la que has quedado, no es dulce. No tienta. Es más bien algo como: “Oh, pequeña, que estúpida e ignorante eres. Déjame que te cuente la verdad sobre la vida”.

Vamos a ver, consejo universal: no seas prepotente con la persona que tienes delante, ni deduzcas que es subnormal nada más conocerla. Eso no ayudará a llevarla a tu terreno.

Cuando ves que la batalla está perdida, que parte de tu ejército agoniza, y que el “enemigo” ha conseguido refuerzos, lo mejor es pedir la paz. Agacha un poco la cabeza y procura ser cortés, para que el ganador sea benévolo contigo y puedas retirarte con un poco de dignidad. Es decir, si ya las has cagado dos veces, y la chica en cuestión está con su mejor amiga, no la insultes. No digas cosas como: “No te conozco mucho, pero me parece que debes ser un poco mandona y que siempre quieres tener razón. Debes resultar un poco insoportable”.

No sé que contraataque fue mejor: la respuesta borde de mi mejor amiga o mi carcajada. El caso es que no le dimos la paz. Le dimos dos besos por educación y me fui a casa dispuesta a borrar su número.

A juzgar por estos actos, parece que Lestat no tenía el más mínimo interés en mí. Y si no me hubiese vuelto ha llamar, sus actos habrían tenido todo el sentido del mundo. Por eso cuando intentó quedar conmigo otras dos veces, pensé que o era un poco pardo, o no tenía ni idea de estrategia.

Y esta es mi historia. Por eso creo que hay que tener mucho cuidado con lo que hacemos, en el amor y en la guerra. Puede que a Lestat no se le haya dado tan mal con otras chicas, pero esto demuestra que nunca puedes despistarte, porque a todo genio le llega su Waterloo.

:)

jueves, enero 08, 2009

Memoria externa


Banda Sonora (opcional): Quique González - La ciudad del viento Escuchar


Uno melancólico, pero sólo un poco :)

Hoy no han aceptado uno de mis regalos de Reyes. La persona en cuestión tenía sus razones para rechazarlo, supongo, pero... siempre es triste.

- ¿Y qué hago con él ahora? - le he preguntado.
- Quédatelo tú - ha contestado - y utilízalo. No es algo barato, así que dale uso.

El regalo en cuestión es una memoria externa. Yo nunca he querido una, y no sé si la necesito. Algunos amantes de la tecnología me dirán: "¡Estás loca, claro que la necesitas! ¿Y si tu ordenador revienta y lo pierdes todo?" Pues no sé qué pasaría entonces. Pero me ha dado por reflexionar.

La persona que ha rechazado mi regalo lo ha hecho en parte porque quiere sacarme de su vida. Algunos lo llaman "pasar página". Hay personas que son incapaces de hacerlo. El perder el contacto, aunque sea durante un cierto tiempo, con alguien a quien han querido (y quieren) mucho supone un esfuerzo tremendo. Hay otras personas que de lo que son incapaces es de olvidar si tienen que mirar a la cara a la persona cuyo recuerdo tratan de sacudirse tan desesperadamente como nos sacudimos el agua de encima al salir de una piscina. A mí me parece una enfermedad muy parecida, y en esos casos un disco duro externo puede ser un paliativo.

La memoria externa cumple una doble función: almacena y deja espacio. Si nuestros ordenadores son un reflejo de nuestras vidas, todas las fotos, los e-mails, los recuerdos, pueden resultar dolorosos. En ese caso la memoria externa puede ayudar sacando de nuestro ordenador aquellas cosas que no queremos ver, porque suponen un duro golpe cada vez que nos cruzamos con ellas sin querer (o queriendo, hay gente muy masoquista). Por otro lado, los recuerdos no se pierden para siempre en el olvido, y si algún día recuperamos las fuerzas y nos sentimos nostálgicos podemos recurrir a ellos para refrescarnos la memoria. E incluso podemos sorprendernos a nosotros mismos sonriendo al recordar alguna anécdota.

Ojalá la vida fuera tan sencilla como hacer limpieza en el PC. Pero no es un mal comienzo en cualquier caso.

No sé... quizá utilice el regalo.

Post y música dedicados a Idas.

jueves, diciembre 18, 2008

Banda Sonora

Una profesora de historia que tuve en el colegio empezó el curso con la siguiente frase:

"Esto es la clase de Historia. Aquí estudiamos la historia de los Hombres. Y el hombre no es hombre hasta que no pinta, no escribe, no danza y no hace música. En definitiva, hasta que no crea."

Dejando a parte estar de acuerdo o no (que podéis estarlo, o no), me resultó lo suficientemente curiosa como para que no se me olvidara a pesar de que han pasado "ejem" años. Me hizo pensar especialmente el tema de la música, por mi teoría de la Banda Sonora.

La Teoría de la Banda Sonora básicamente dice que todos tenemos o queremos tener una. La vida es completamente distinta cuando hay música. Las emociones se intensifican, las sensaciones se multiplican. A veces parecen señales casi místicas: cuando te presentan a un chico/a que te gusta, como esté sonando una canción que significa algo para ti el impacto es tremendo. Influye muchísimo en nuestra percepción.

Las películas nos lo demuestran cada día. Hay escenas que sin música no significan nada. Las más épicas se pueden convertir en sosas y estúpidas si carecen de violines y percusión.

Creo firmemente, que todo sería mejor si pudiéramos tener Banda Sonora. Una que nos acompañara a todas partes, con melodías perfectas que encajaran con cada momento, con cada sentimiento. Ya que cada uno es el protagonista de su propia historia, ¿no sería genial tener la Banda Sonora de nuestra Vida (BSV)?

J. R. R. Tolkien dice en el Ainulindalë (la creación del mundo) que los Valar dieron forma al vacío cantando y tocando instrumentos, y así se nacieron las montañas, los valles, las aves, los árboles... Yo soy friki y me encanta la música, así que me parece una forma de crear el mundo tan buena como cualquier otra.

Elia, que va a todas partes con su mp3.

P.D. Si tuvierais una BSV… ¿qué canciones elegiríais?

viernes, diciembre 12, 2008

Shining light



Banda Sonora (opcional): Ash - Shining Light Escuchar

Ayer, al terminar la clase del master fui al pub irlandés que está en frente de mi casa. Es un sitio al que me gusta mucho ir, quizá porque lleva ahí muchísimos años y ya me siento como en casa, o porque es agradable y tranquilo durante la semana y divertido los sábados por la noche, o por la simpatía del personal, o los mojitos que preparan (sí, es raro, pero es que aunque el bar es irlandés el chico que lo lleva es cubano...). El caso es que me gusta mucho.

Cuando tienes clase hasta las diez de la noche (y después de trabajar todo el día) no hay nada como sentarte un rato en un sitio agradable a divagar sobre todo y nada.

Cuando la cerveza ya no tenía espuma y quedaban sólo cuatro patatas en la bandeja, levanté la vista y me fijé en una estrella que brillaba en el techo. No había reparado en que ya habían colocado los adornos navideños.

La estrella era simple, pero muy hermosa. Estaba formada por una pelotita que hacía de cuerpo central, a la que atravesaban muchos alambres pintados de plata y cubiertos completamente de purpurina, hasta el último centímetro. Giraba muy despacio con la ventilación del local, y las luces le arrancaban destellos magníficos, como si estuviera cubierta de miles de diamantes. No era una estrella de verdad, pero realmente lo parecía.

- Es la purpurina - le dije a G., sentado a mi lado.
- ¿Cómo?
- La purpurina. - contesté - El amor es como la purpurina. Lo cubre todo y lo hace brillar, y cuando falta es como si todas las cosas fuesen más grises, más oscuras. El amor es la única cosa que puede convertir una pelota y unos cuantos alambres en una estrella.

viernes, noviembre 07, 2008

La puerta del tiempo

Hoy he estado cotilleando el blog de alguien a quien una vez llamé “amiga”. No lo he leído porque ya no lo sea, lo he leído porque lo fue. Y mirando sus post antiguos, esos de hace dos o hasta tres años, he recibido la bofetada del pasado.

Es una sensación extraña: como a veces, al mirar nuestra propia vida, es como si mirásemos la vida de otro. Porque aquellas cosas que juramos que serían eternas, se han perdido entre la hojarasca del otoño. Lo que tanto nos importaba se ha transformado en cosas nuevas, que no guardan ningún parecido con sus antecesoras. Y una vocecita en nuestra cabeza comenta: “¿En qué estaría yo pensando?”

Me he preguntado si hice bien en algunos casos, y cómo influí en muchos otros. Si mi paso por las vidas de algunas personas las cambió, y de ser así, si tal vez hubiese sido mejor que nunca me hubieran conocido.

Abrir la puerta del pasado es como estar en un plató de cine, donde todas las cosas estuvieran pegadas y la gente siguiera un guión estricto. Puedes observar las cosas al detalle, escuchar y recordar, pero no puedes tocar ni cambiar absolutamente nada. Al final siempre se salé del plató con dolor de cabeza, impotencia, y muchas cosas en que pensar.

Esta mañana parecía que iba a ser un día de noviembre como otro cualquiera. Pero mi curiosidad y el ordenador me han traicionado, y he abierto la puerta del tiempo.